Por qué “REAL es TODO”

Por qué “REAL es TODO”

Sí se puede 

Estamos en un mundo donde no tenemos certeza nada, las relaciones humanas se están volviendo más etéreas que nunca; todo corre a una velocidad impresionante; los días nos pasan volando y sentimos incluso que le faltan horas


Todo esto sumado al constante bombardeo de información, de ruido informativo, hace que nos llenemos de información vacía que se va empeorado con el nulo ingenio creativo para llegar hasta nosotros.

Todo es un refrito del refrito del refrito.


¿Conclusión? Todo nos resulta aburrido y repetido, alimentando así nuestras ansias de más y más.


¿Quién eres? ¿Para qué estás aquí?


Nuestra sociedad está dormida, y dormida desde sus cimientos. 


Esto, porque el modelo educativo valora la buena memoria más que nuestras inteligencias específicas, haciendo que su base estructural sea tan débil, que de ahí en adelante nos forjamos a nosotros mismos buscando cómo llenar carencias en lugar de activar y potenciar lo que somos y tenemos. Peor aún. Cuando finalmente nos damos cuenta del sinsentido que resulta de este fulfillment de carencias, probablemente ya sea tarde o se nos haya ido la vida y un puñado de seres amados en el camino hasta este descubrimiento. ¿No sería más linda la vida si hubiésemos sabido desde pequeños que la vida no se trata de eso?

Por eso la respuesta a eso es simple: ser real es lo más importante de todo.

¿Por qué?, 

Porque necesitamos entender la motivación central que nos guía. Necesitamos adquirir conciencia ante cuestiones que sabemos están ahí pero nos nos detuvimos un segundo a analizarlas.

Por ejemplo ¿Son las relaciones importantes para mí? ¿Me siento cómod@ con la gente que me rodea? ¿Por qué me levanto todos los días con un sinsabor en la cabeza? ¿Qué me mueve? ¿Estoy entablando relaciones genuinas o son por conveniencia? ¿Por qué llevo 15 minutos viendo fotografías de alguien que no me agrada?

Podría seguir por horas, pero el punto principal es que hemos perdido el foco. El foco respecto a las personas, las relaciones y nuestras emociones.

Una foto bien planificada e iluminada puede comunicar muchísimo, pero dice menos de nosotros que una mirada, que un gesto o el tono de nuestra voz.

Si bien la tecnología nos ha permitido estar más "conectados" que nunca, ayudándonos a comprender, analizar y mejorar nuestra capacidad de involucrarnos con quienes deseamos, aún sigue siendo bastante plástico y desechable por una cuestión sencilla: no nos comunicamos verdaderamente, no logramos conectar con quienes somos. Una foto bien planificada e iluminada puede comunicar muchísimo, pero dice menos de nosotros que una mirada, que un gesto o el tono de nuestra voz. Las redes inherentemente proyectan fragmentos inconexos de nuestra vida, pero jamás el verdadero yo.


Nuestro activo más importante: las relaciones

En ese contexto tan hostil y deprimente tengo buenas noticias, pues entre tod@s podemos gatillar un cambio, uno que es fácil y barato, aunque tal como cualquier deporte, requiere ejercitarlo a diario.

El ejercicio es observar hacia adentro, hacia quién eres, cómo eres y por sobre todo qué aportas al resto.

Nuestra sociedad ególatra tiende a celebrar la ruptura de conexiones con personas que “no nos aportan”, y esto es sano y necesario, pero ¿Haz hecho alguna vez el ejercicio de cuestionar qué aportas y cómo a las personas que te rodean? ¿Tienes un statement al respecto?

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La construcción de relaciones humanas no es ciencia espacial, pero mantener relaciones sólidas durante días, meses y años es el verdadero desafío. Quizás el primero para su desarrollo es saber de qué manera queremos aportar a las personas.

La ciencia ha demostrado que las relaciones profesionales son un activo clave, pero que se desvanece con facilidad, y peor aún, ha comprobado que los humanos no están predispuestos a mantener dichas relaciones, especialmente teniendo en cuenta que la tecnología logra apartarnos cada día más los unos con otros. Todo esto sumado al hecho de que nuestra sociedad occidental continúa avanzando hacia el individualismo, la especialización y más comunidades de nicho que atienden creencias y valores específicos, se nos hace cada vez menos deseable interactuar con extraños.

Frente a ese escenario catastrófico, el ejercicio más fácil para luchar por un mundo más real, es entender al capital social como el activo más importante de todos. Este ejercicio a lo largo del tiempo nos lleva a entender que la confianza y sentido de comunidad es lo que hace que sea no solo más fácil, también mejor trabajar juntos.

Teniendo en mente que las cosas se pueden hacer mejor, entonces la invitación está bastante clara: volvamos a ser más humanos, volvamos a entender a las personas e invirtamos en relaciones genuinas que crean un ecosistema mucho más rico alrededor nuestro. Te aseguro que el kickoff de esto es sencillo, pues no requiere saber cuáles son tus sueños o en qué te quieres convertir en tu vida, por lo tanto no debe posponerse, es simplemente tener claro qué quieres hacer por el resto y para qué. Los resultados, casi mágicos de esto ocurrirán cuando te des cuenta de que sin buscarlo, sin saberlo, alrededor tuyo hay una red de contención gigante de personas que en realidad lo único que quieren para ti, es lo mejor. 

Otro día podríamos hablar de la repercusión cuasi cósmica que eso tiene en nosotros y nuestra, pero usualmente preferimos una cerveza antes de esa conversación.

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