Publi-basta…

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Sincerémonos.

Siendo hoy las 12 del día de este 19 de junio del 2019, no logramos dar con nadie que sienta un mínimo de empatía hacia la publicidad, de hecho PAGAMOS para poder evadirla.

Según un encuesta realizada por Adobe y PageFair, un 28% de la población de Estados Unidos que usa internet, declara navegar con un bloqueador de anuncios. Una tendencia que solo ve crecimiento para los próximos años, y que se ve replicada alrededor del mundo entero. 

El consumidor, o mejor dicho las personas, ya no quieren más bombardeo. No quieren ser víctimas de una industria que nació con el propósito manipular emociones para crearnos carencias o dolores inexistentes para vendernos felicidad en 3 cuotas precio contado.

Frente a esa tendencia se hace evidente una pregunta interesante, y es cómo es posible que sigamos consumiendo desenfrenadamente si es que no queremos escuchar lo que las marcas están diciendo.

La realidad es que las nuevas generaciones se cansaron de recibir –con pequeñas y superfluas modificaciones– el mismo discurso de 5, 6, 7 u 8 marcas diferentes. Las marcas pequeñas quieren ser como las grandes y las marcas grandes quieren la cercanía y autenticidad que acompañan a las marcas pequeñas, y así todos se copian, nada hace sentido y todo pierde valor.

No le puedes gustar a todo el mundo. Quizás a unos pocos, quizás a muchos, pero no a todos, y las personas que realmente te amen, te amarán por quien tu eres. Después de todo, eso siempre lo hemos sabido ¿no?.

Las personas quieren creer

Las personas quieren confiar

Las personas quieren amar

Como comenta Kevin Roberts en su libro, Lovemarks, la confianza es un factor fundamental en la relación marca-persona, sin embargo, es solo un primer escalón para convertirse en una marca amada. Para lograr ese cometido, se hace necesario una confianza más allá de la razón.

La confianza no era suficiente por si sola para lograr dar el gran salto adelante. Me refiero al hecho de que confíes plenamente en alguien no hace que te unas a él o ella de por vida.
— Kevin Roberts, Lovemarks. 2004.

Pero ¿Cómo entregamos a las personas ese amor que tanto buscan?

Para la mayoría de las personas que trabajan la industria de la comunicación, hablar de una publicidad real es sinónimo de conceptos como publicidad responsable, amigable con el medio ambiente, socialmente responsable, con sentido, publicidad de valores y buenas costumbres, consciente y otros conceptos relacionados. Pero para nosotros hablar de publicidad real, significa entablar una conversación en un plano mucho más profundo a todo eso. Para nosotros, la publicidad real es generar y mantener un discurso comunicacional que viene desde las entrañas de nuestra empresa, de lo que somos, pues allí es donde usualmente reside lo que nos hace totalmente únicos como marca, lo que nos hace genuinos.

Algo genuino (palabra perfecta para referirse a la comunicación en la que creemos) es aquello que nos hace únicos, y la publicidad real se basa en lo propio, porque tu mejor publicidad es ser tú mismo.

Quizás tengamos que modificar la palabra o re definir el concepto, pero la comunicación auténtica, legítima y genuina, es hasta ahora lo único que nos asegura una conexión emocional con las personas que potencialmente pueden interesarse en nosotros. 

Vans nació como una marca hecha por y para skaters de todo el mundo. En su esencia se encuentra el deporte callejero, las caídas, el levantarse e intentarlo una y otra vez, hasta que tu video se haga viral.

Si bien es “tradicional”, la campaña Vans 3xtra shoe se acerca bastante a lo que aquí reconocemos como publicidad real, genuina.

Reconocieron que parte del alma de un skater es rasgar más una zapatilla más que la otra, la del pié habilidoso, el que utilizan para mover la tabla y sacar sus extravagantes trucos. Frente a eso, qué forma más real de conectarse con sus amantes que entregándoles una zapatilla extra a la hora de comprar un nuevo par.

Si fuera por nosotros, Vans debería llevar eso al extremo y tener como mandamiento que todos sus modelos de zapatillas diseñadas para andar en skate vinieran con una zapatilla extra, porque no debería ser solo una campaña publicitaria, debería ser un mandamiento de la marca y por tanto publicidad real, publicidad inagotable. 

Es decir, dar el siguiente paso.

Pasar de ser “La marca que una vez regaló una zapatilla extra” a La marca que te da una zapatilla más” porque te conoce y se preocupa por ti.


Las marcas se deben a sus amantes


Como dicen Peter Thiel y Blake Masters en su libro, Zero to One, si tu producto necesita de publicidad o personas para venderse, entonces no es lo suficientemente bueno. Para nosotros esta es otra definición más de lo que entendemos por publicidad real. 

Y es que la comunicación que surge desde el corazón, desde nuestra esencia, es lo que nos va a permitir entregar a las personas ese amor que tanto anhelan, es ese escalón final.

Más allá de esparcir un buen mensaje, ser responsables o hablar de valores, comunicar genuinamente lo que hay en mi como empresa, lo que soy, es lo que realmente emociona, conecta y vincula a las personas. 

Por eso, y para reflexionar…

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