¿Qué clase de cultura queremos en nuestra empresa?  

¿Qué clase de cultura queremos en nuestra empresa?  

La cultura de una empresa se ha planteado en el último tiempo como la piedra angular para separar compañías exitosas, de otras destinadas al fracaso.

Los desafíos empresariales que enfrentamos hoy en día, exigen la creación de equipos de trabajo que generen un nivel de sinergia exponencial, no lineal, y la clave para desarrollar un equipo de trabajo de excelencia en las generaciones actuales (millenial) y venideras (centennial) está en el desarrollo de una cultura de empresa que permita atraer y retener a los mejores talentos.

¿Qué medidas estás tomando en tu empresa para captar talento? ¿Y para retenerlo?

El trabajador actual es complejo, porque ya no quiere simplemente un sueldo competitivo o las posibilidades de crecer profesionalmente, y es esa línea imaginaria la que marca desde qué punto es importante la creación de cultura.

Cultura, desde una perspectiva sociológica, lo podemos definir como a un grupo personas que comparten experiencias y códigos comunes, que moldean la manera en que sus integrantes entienden el mundo que los rodea, es decir, una comunidad. Entonces, si entendemos la palabra “cultura” de esta manera, estamos todos constantemente creando cultura entre unos y otros.

La cultura es una parte fundamental en la vida de las personas: influencia sus puntos de vista, sus valores, su humor, esperanzas y lealtades entre otros, inclusive en aspectos tan banales como la forma de vestir. La cultura es capaz de transformar la vida humana en una aventura profunda y apasionante.

¿Que clase de cultura tenemos?

Vivimos en un contexto basado en la satisfacción de nuestros propios intereses y autorrealización.

La idea del orden colectivo, lo que llamamos comunidad, se ha visto atenuada por este emerger e idealización del “Yo”. A esto sumémosle algo que hemos escuchado tantas veces: todo está en la imagen; no me importan los otros, si no lo que piensan los otros de mi persona.

Por culpa de este fenómeno, nuestras acciones y las personas han perdido su razón de ser: no cumplen un rol en este “todo” porque ya no hay un sentido unitario.

Esta cultura del “yo” dice que ya no soy parte de un todo, donde el resto está conmigo. Muy por el contrario, se convierten en medios para lograr determinados fines. Es como si los otros estuviesen para satisfacer mis sueños y necesidades, no como un sentido de unidad y comunidad que busca un bien general. 

Aún así, la cultura sigue estando presente y ha encontrado nuevas formas de manifestarse. 

Gracias a la tecnología hoy una persona en Providencia, Chile, puede construir una cultura con alguien en Osaka, Japón. ¿Cómo? En la era digital estas dos personas -que supuestamente no deberían llegar a conocerse- pueden encontrar puntos en común que los conecten. Es ahí donde deberíamos centrar nuestros esfuerzos: en encontrar esos puntos en común y dejar los prejuicios de lado.


¿Qué clase de cultura queremos?

Los otros más que ojos que me observan (juzgan) son rostros que me hacen salir de mí mismo.
— Alain Finkielkraut

Se tiende a pensar que generar cultura es celebrar fiestas de fin de año atómicas, permitir que la gente se distraiga jugando pingpong, o con una consola de videojuegos, pero la realidad es que estimular el desarrollo de una cultura propia, es estimular la generación de complicidad.

Nadie dice que está mal que tengas una “oficina estilo Google” (Odio lo trillado del concepto, pero uds entienden), pero una oficina cool no asegura que tu cultura de empresa sea buena, de hecho Google, pioneros en estos chiches, tiene una cultura de empresa que es calificada como tóxica por muchos de sus empleados y ex-empleados.

La cultura que queremos y necesitamos es una que se basa en el entendimiento de los otros. En lograr complicidad con la persona que está a nuestro lado. Conocerse, encontrarse, comunicarse. Poder generar diálogos (¡no monólogos!) y vínculos entre unos y otros.

¿Cuánto conocemos a las personas con las que compartimos? ¿Hemos desarrollado un lenguaje que permite decir mucho con poco? Si la respuesta es nada, o cero, probablemente tengas que mirar hacia atrás y comenzar desde cero.

Si mantenemos un clima de cooperación, visualizamos metas comunes, mantenemos una comunicación abierta y verdadera, hablando el mismo idioma, significa que estamos creando complicidad, algo que sin lugar a dudas nos llevará a conseguir mayor éxito.

Queremos menos interacciones/reacciones y más relaciones. No solo un expresarme, si no exponernos y salir en busca de los otros para ser interpelados y salir de nosotros mismos, salir de esta cárcel llamada “yo”. Definitivamente somos más que partículas chocando entre ellas. 

Una de nuestras características como seres humanos es que podemos experimentar la empatía. Esa imaginación enfocada en el otro-no confundir con ponerse en los zapatos del otro, que se centra en mi persona y experiencia- que se trata de pensar, sentir y ver el mundo como el que está a nuestro lado. Esto es lo que nos acerca.

Centrémonos en lo común y dejemos los estereotipos de lado. Nadie es una categoría. Hagámosle a la empatía, si el otro también es un yo significa que estamos al mismo nivel: es más lo que nos une que lo que nos aleja. Lograr una comunidad. Un grupo. Eso es cultura.

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